La noche de Doha se tiñe de rojo. España es campeona del mundo tras derrotar a Argentina gracias a la brillante actuación de Lebron-Goñi, Coello y la maestría táctica de Juanjo
noviembre 7, 2026
La decisión de Gutierrez de apostar por Lebron-Goñi en el partido inaugural, que los españoles ganaron frente a Di Nenno-Augsburger, acabó dando sus frutos y marcó el rumbo de la final del Mundial, que terminó con un 2-1 para España. El punto decisivo lo consiguieron Coello y un Coki Nieto en estado de gracia. A Argentina, pese a haber conquistado los dos títulos anteriores y cinco de las últimas seis ediciones, no le bastó con su extraordinaria pareja Chingotto-Tapia.
DOHA – El rugido del público, los jugadores cantando y bailando eufóricos en una única y maravillosa marea roja que se dispersaba y volvía a reunirse entre innumerables abrazos, lágrimas y cánticos. El espectáculo del estadio central del Khalifa International Tennis & Squash Complex, que se iluminaba con mil colores y resonaba aún más con los aplausos. Señoras y señores: España es campeona del mundo. Y todo el reconocimiento también para Argentina, derrotada por 2-1, que plantó cara a un equipo que supo imponerse mediante la estrategia y, sí, también en la pista. Sobre todo, gracias a un campeón extraordinario como Juan Lebron y a un joven que disputaba su primer Mundial, Aimar Goñi. Por cómo se desarrolló el encuentro, ambos fueron los grandes protagonistas de esta final, aunque el magnífico punto decisivo de España lo firmó un rey: Arturo Coello, junto a Coki Nieto.
¿Puede ocurrir que, en una eliminatoria a tres partidos, el primero sea el decisivo? Por supuesto, especialmente cuando detrás de una final mundial que reúne a los mejores jugadores del planeta hay una partida de ajedrez entre los capitanes. Por un lado, Ovide y Gabi Reca; por el otro, Juanjo Gutierrez. La estrategia, las decisiones, los movimientos y las contramedidas en la elección de las parejas y su orden de juego marcaron, en buena medida, el rumbo de este Mundial. Estaba claro que Tapia y Chingotto eran superiores a Paquito y Sanz. Pero también estaba claro que reservar a Coello como última baza, junto a Coki Nieto, suponía depositar una enorme confianza en la capacidad de El Lobo Lebron para sacar lo mejor de ese inmenso talento con el pelo alborotado que es Aimar Goñi. Y así fue como el primer partido, en el que Di Nenno y Augsburger partían como favoritos sobre el papel, aunque no por un margen demasiado amplio, acabó siendo decisivo. Porque los otros dos encuentros, como pudimos comprobar, siguieron fielmente el guion de un pronóstico bastante previsible. De este modo, España levantó el trofeo gracias, sobre todo, a cuatro hombres, como en una novela de Alejandro Dumas: Juan Lebron, Arturo Coello, Aimar Goñi y Juanjo Gutierrez. A este último hay que reconocerle el valor y ese punto de maravillosa audacia que supone apostar por Goñi después de perder no a un jugador cualquiera, sino a Ale Galan. Y España, incluso sin él, ha alcanzado el trono más prestigioso y deseado, aquel con el que sueña cualquier jugador de cualquier deporte: el de campeona del mundo.

El partido inaugural de la final entre España y Argentina fue, en parte, una batalla entre hermanos de pala, Lebron y Augsburger, como diría después El Lobo, y también un duelo entre dos jóvenes, Leo y Aimar Goñi, que sin duda marcarán el camino del pádel mundial en los próximos años. Si Leo ya está entre los grandes, compitiendo de tú a tú con los gigantes del deporte, Aimar está dando pasos de gigante. Así lo demostraron las decisiones de un capitán valiente como Juanjo Gutierrez: en un país rebosante de talento, apostar en una final por el joven de Pamplona, con su rebelde flequillo, fue una auténtica genialidad.
Y allí estaban, El Lobo y Goñi, uno al lado del otro, para enfrentarse a una pareja albiceleste tan sólida como el granito. ¿Era Argentina favorita? Difícil saberlo. Todo dependía de cuánto talento y cuánto pádel fueran capaces de desplegar los dos jóvenes, Leo, nacido en 2004, y Aimar, en 2005. Al final, serían ellos quienes resultarían decisivos, para bien y para mal. En el primer set, con 5-5 en el marcador, Goñi encadenó varios errores, entre ellos dos remates que Leo castigó con dos contrarremates decisivos, inclinando definitivamente la manga. Argentina se llevó el set por 7-5. Parecía el principio del fin para España, pero en realidad era el preludio del triunfo. Los argentinos se adelantaron 4-2 con un break, pero Juan y Aimar reaccionaron de inmediato y el marcador volvió a situarse en 5-5. Y entonces, en un inesperado giro de los acontecimientos, fue Leo quien cayó en una espiral de errores que acabó provocando el break decisivo para España en el segundo set, en una especie de cruel ironía. Esta vez fue Aimar quien contrarremató un remate de Augsburger para conseguir la rotura. Con 6-5 para España, Argentina dispuso de dos bolas de break, con un Di Nenno espectacular, pero Lebron desplegó su versión más elegante y Goñi elevó aún más su nivel. España se adjudicó el segundo set por 7-5.
Comenzó el tercer set y España consiguió el break de inmediato. A partir de ahí, la diferencia en el marcador fue aumentando hasta el 5-1 para los españoles, que cerraron el partido por 6-2 (5-7, 7-5, 6-2). Aimar se giró entonces hacia el público español y se golpeó el pecho en señal de celebración. La genialidad de Juanjo Gutierrez impulsó a La Roja hacia el segundo partido, en el que se enfrentaría a la pareja más fuerte del Mundial, al menos sobre el papel y atendiendo al ranking: Tapia y Chingotto contra Paquito y Sanz. Aimar declaró después: ”Dedicamos esta victoria a las víctimas del accidente ferroviario de Los Yebenes y Urda (26 de octubre, 69 fallecidos, N. del E.) y también quiero dar las gracias a Juanjo por haber confiado en mí”. Después expresó su alegría y gritó “¡Vamos España!” hacia sus seguidores, mientras Juan Lebron lloraba. Sí, el mismísimo El Lobo lloraba como un niño. Eran lágrimas de una emoción inmensa, extraordinaria, una liberación que desbordaba alegría y apenas encontraba palabras: ”No sé qué decir”. Entre innumerables agradecimientos y el homenaje a las víctimas del accidente ferroviario, también dedicó unas palabras llenas de afecto a Aimar y a ”un hermano como Leo. Estoy feliz, pero al mismo tiempo lo siento por él. Por eso no lo celebré y lo abracé”, explicó después, en una muestra de deportividad digna de admiración.

El segundo partido fue un auténtico recital de Chingotto y Tapia, las grandes bazas de Gaby Reca, frente a Paquito Navarro, que disputaba su último encuentro con España, y Jon Sanz. Los argentinos se impusieron por 6-1 y 6-2 en 55 minutos, llevando la eliminatoria al último y decisivo enfrentamiento, como ya había sucedido dos años atrás. Esta vez estaba en pista el otro número uno del mundo, el rey Arturo Coello, junto a Coki Nieto, frente a dos de los héroes de 2024, Tino Libaak y Gonza Alfonso. El ambiente era eléctrico. En un estadio central abarrotado, los cánticos argentinos se sucedían sin descanso y encontraban respuesta en los seguidores españoles, siempre en un ambiente de ejemplar deportividad. El encuentro entre Coello-Nieto y Libaak-Alfonso fue otra demostración del talento más extraordinario. Pero el rey Arturo no es un jugador cualquiera: es el número uno del mundo y los argentinos intentaron mantenerlo alejado del juego todo lo posible. En parte lo consiguieron, pero Coki estaba en un estado de forma excepcional. En un primer set repleto de intercambios espectaculares, el break conseguido por Argentina en el tercer juego resultó tan decisivo como el que cerró la manga con un 6-3 para España. El segundo set fue un avance dulce pero implacable hacia la victoria, hasta el 6-2 que desató la celebración y confirmó el triunfo de España en el Mundial.